Artículos

 

EL SENTIDO DE LA VIDA. UNA MIRADA DESDE LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL DE LA PERSONA

 Mª Teresa Feja Solana. Psiquiatra. Psicoterapeuta.

El ser humano tiene varias dimensiones: la corporal, la emocional, la cognitiva, la relacional y la espiritual. Cada una de ellas tiene que ser escuchada para poder vivir de una manera equilibrada.

La palabra espiritualidad proviene de RUAH, que significa “aliento, respiración”; y de la traducción al latín SPIRITUS. Es como el aire, el principio vital que es origen de todo lo que es, y que penetra toda la realidad. Hace referencia también a la dimensión más profunda e integradora del ser humano.

Esta dimensión espiritual concierne a la globalidad de la persona: tanto la mente como al cuerpo en todas su facetas, porque la vivimos siendo quienes somos.

¿Cómo se abre el ser humano a esta dimensión?

Hasta  la primera mitad de la vida, la persona se dirige al exterior, donde proyecta sus expectativas de felicidad: pareja, poder, éxito, prestigio, consumo…

Sin embargo, el descontento, el vacio sigue marcando que hay una necesidad no satisfecha en la persona. Entonces empieza a mirar hacia otro lugar, a veces conducido por circunstancias vitales: duelos, enfermedades, sufrimiento…, que le colocan ante preguntas existenciales que el ser humano se ha hecho desde que tiene conciencia de su finitud: ¿Qué sentido tienen la vida y la muerte? ¿Quién soy yo? ¿Para qué todo? ¿Existe un Dios?

A veces, desde el despertar de un anhelo, una voz interna a veces apenas audible al inicio, o súbita y luminosa en ocasiones…, que nos va guiando hacia una experiencia de plenitud del ser… Y que nos pone en marcha, en camino… Se abre a la conciencia de que otra realidad y otra manera de mirar es posible…

No es  en sí mismo sólo un camino de búsqueda, sino un camino de escucha y apertura a esa realidad última que quiere desplegarse.  Esa Realidad que lo penetra todo y tiene diferentes nombres: Absoluto, Nada, Conciencia, Ser…, Dios…

La búsqueda del sentido de la vida o de nuestro verdadero SER pertenece a un proceso de evolución y maduración del ser humano. Jung habla del anhelo espiritual del ser humano como algo que moviliza más que el instinto  de la sexualidad (según Freud) o del poder (Adler). Es el anhelo más profundo inherente al ser humano.

Nos asomamos a un cosmos cuya verdadera magnitud es inaccesible para nuestra inteligencia, tanto a nivel microscópico, -donde la física cuántica dice que la materia es esencialmente vacío y que lo que observamos como objetos estáticos, no son más que condensaciones de energía dentro de un campo inmenso de energía-, hasta el macrocosmos (planetas, galaxias, agujeros negros de energía)…

Desde finales del siglo pasado la neurobiología ha aportado mucha información sobre el funcionamiento de nuestro cerebro. Los avances en neuroimagen han explicado que no existe ningún centro específico que rija una función del yo, sino que es la interacción de distintas áreas la que nos da esa función. Que existe una “red por defecto” que se pone en marcha desde que despertamos y que es la que nos da la sensación de “yo”.  Hemos aprendido de nuestro cerebro emocional, y de la interacción intensa entre nuestra mente y nuestro cuerpo, a través de ramas de la ciencia como la Psiconeuroendocrinoinmunología… El ser humano se diferencia de los animales por el desarrollo de la autoconciencia: la conciencia de que es consciente. Y aunque biológicamente, no sabemos hoy todavía cómo se produce este fenómeno, nos permite tomar consciencia de nuestra finitud. Y de ahí surgen una serie de preguntas existenciales, y de búsqueda de sentido a la vida.

El camino de convergencia de la ciencia con la espiritualidad es patente en las últimas décadas. No se pueden explicar todas las formas del cosmos en base a factores materiales.

Y al mismo tiempo, como seres humanos complejos, nos vemos sumidos en circunstancias paradójicas.  El ser humano se mueve entre dos planos:

Nuestro mundo racional y mental, que es valioso e imprescindible para movernos por el  espacio de los objetos. Esta dimensión está sujeta a las leyes de la materia  y entra por nuestros sentidos.  Yo me reconozco a mi mismo por mi forma de pensar, de sentir y de actuar.

Y otro mucho más sutil, aunque podemos experimentarlo de una forma clara en nuestras vidas.

Es una experiencia de momentos de serenidad, claridad, paz. Una comprensión más honda de la inteligencia que hay en la Vida,  un sentido más allá de lo aparente a nuestro sufrimiento y al dolor, una conexión con los seres humanos y con el mundo que nos rodea, un sentimiento profundo del amor como aquello que sustenta toda la realidad… Hay  una certeza interior en el reconocimiento de que aquello que se está viviendo es Verdadero y se accede a través de lo experiencial.  Supone salir de los hábitos y patrones heredados de pensamiento porque queda fuera de nuestra mente, aunque ésta nos ayude a comprenderlo.

A esta capacidad de mirar de una manera profunda la existencia y de vivir en coherencia con ello se le ha llamado inteligencia espiritual.

Sin embargo, este anhelo puede estar tapado por la identificación de la persona solo con el plano de las formas y de la razón. A ello han contribuido también corrientes culturales y filosóficas. En occidente, el  modernismo y el endiosamiento de la razón.  El conocimiento racional ayudó a salir del dogmatismo y el oscurantismo, pero al proclamarse como criterio último de verdad, ha negado todo aquello que no sea científcamente “demostrable”.

               También las religiones, que utilizan parábolas, ritos, mitos…, han sido caminos que han conducido a la experiencia espiritual. Pero éstas no son más que el dedo que apunta a la Luna. Son el cáliz, el vaso que contiene el vino. Cuando se han atribuido a sí mismas la capacidad de ser la verdad, de ejercer el control y el poder para llegar a Dios,  han generado en los hombres del siglo XXI un rechazo y una búsqueda de esta realidad espiritual, a través de otra vías.

Cuando, desde cualquier causa, no se da respuesta a esta necesidad espiritual, se despierta una nostalgia, una sensación de vacío que no puede llenarse con otras cosas. Algunas personas van en pos de poseer más, de ser más…, para llenarlo: “más prestigio, más poder, más conocimiento….”, partiendo de la creencia de que somos seres incompletos; o  buscan en las relaciones y en los vínculos esa seguridad última.  En otras personas genera una falta de sentido que desemboca en enfermedad: depresión, adicciones…

Para acceder al núcleo auténtico del propio ser es necesario una experiencia vivencial. Es necesario el cultivo de la interioridad. El cultivo del silencio.  Esto contrasta con esta sociedad que vive hacia afuera e hiperestimulada, llena de ruido externo e interno.

Abrirse a la dimensión profunda del ser requiere coraje. Hay distintos caminos, y el que escucha el anhelo los va encontrando. Existen reflejos de esa realidad que también son captados por la belleza, la bondad o la verdad y esta Realidad última se expresa a través de ellos en sus diferentes manifestaciones y creaciones. También a través de una acción comprometida…

Pero cualquiera de estas vías necesitará un pararse, un recogerse, para escuchar e integrar y para desarrollar una sabiduría y una comprensión profunda y sencilla de la Vida.

En todos los caminos espirituales ligados a las tradiciones antiguas, la meditación se enseñaba sólo a personas con un compromiso espiritual, y tras haber atravesado algunas pruebas para comprobar si estaba preparado para el camino que iba a iniciar.

Es por eso que la meditación está en los orígenes de las diversas tradiciones espirituales. En occidente tenemos la contemplación cristiana, desde los padres del desierto hasta la tradición mística. En oriente hay diversos métodos dentro del budismo (quizás los más conocidos sean el Vipassana y el zen). En el hinduísmo, el yoga en sus diferentes variantes. En el Islam, el sufismo…

Estas tradiciones ofrecen un  mapa, un camino recorrido por personas que vivieron esta experiencia. Pero también es cierto, que las  personas pueden hacer este camino de manera individual.

Este es un camino comprometido. Simple, pero no sencillo. Un camino donde se van entretejiendo los aspectos psicológicos con los espirituales.

En el silencio somos testigos de nuestra mente. Y observamos un escenario salpicado de pensamientos y distracciones… El silencio es un entrenamiento en la atención. Anclar dicha atención en la respiración, es una de las maneras en las que se entrena. Ese bombardeo de pensamientos sigue estando, pero molesta menos…, se va sosegando. También conectamos con nuestro cuerpo a través de la interocepción (tensión muscular, sed, picor, tacto). Es una forma de aterrizar en la vida de la persona. Ser consciente de lo que acontece en ese momento, desde una actitud benevolente y sin juicio.

Poco a poco este entrenamiento, nos va colocando en un lugar de observador, en el que hay  un espacio que es la consciencia y, dentro de ella, se van dando unos contenidos (ideas, emociones…). Esto permite irse desapegando de ellos y desdramatizar. Identificarse poco a poco con la conciencia que observa, y no con lo observado. Observarlo  y explorarlo con ternura y atención, sin juicio. Esto va haciendo posible la comprensión experiencial de que estos estados son pasajeros y que ninguno de ellos constituye nuestro verdadero ser.

Así observamos nuestros patrones de pensamientos y creencias que influyen en nuestra mirada hacia el mundo y en cómo nos situamos ante las cosas. Observamos el laberinto emocional. El dolor y el sufrimiento que forman parte de la existencia humana.  A veces este sufrimiento se hace difícil de sostener y no nos deja llevar una vida equilibrada. Parar salir de este laberinto, no queda otro remedio que adentrarse en él.

Esto permite hacer un viaje desde la inconsciencia a la consciencia. Desde el condicionamiento propiciado por nuestras conductas y creencias automatizadas, hasta una mayor libertad.

Pero cuando realizamos este camino, uno va encontrando las diferentes trampas: las corporales (dolor, molestias en la posición de meditación…), las mentales (distracciones frecuentes, circunstancias de la vida que nos abruman…) y la sombra, según la terminología de Jung. Todas aquellas partes negadas o reprimidas de uno mismo, que cuando uno se para y escucha sin juicios , van tomando nombre…: miedo, vergüenza, rabia, envidia, culpa…

Somos esa sombra también. Pero cuando la podemos mirar, acompañarla y atravesarla, vemos que más allá de esa sobra, al final de ese túnel, somos luz, esa luz que es nuestro verdadero ser…, y que compartimos con otros seres humanos, además del sufrimiento y las dificultades esa luz.

Es necesario conocer y escuchar al “yo psicológico”. El personaje que hemos construido. Nuestro “carácter”. Atravesarlo y sanar  aquellos aspectos que  impiden tener un cierto equilibrio interno. Este camino requiere en ocasiones que la persona realice un proceso terapéutico.

Poco a poco, en este proceso la persona va desarrollando una desidentificación y un desapego de sus pensamientos, y estados emocionales. Hay cada vez una comprensión más profunda de que aquello que de verdad somos, va más allá de nuestra mente racional y de lo que se experimenta a su través…

Y desde esta mirada y desde el contacto con lo profundo de su ser,  se va produciendo una trasformación  de la persona. Hay un mayor autoconocimiento y brota una sabiduría que parte de una coherencia interna.  Los valores que sustentan a la persona sufren un cambio, o se refuerzan otros que le sirven de guía. Y la persona busca un sentido a su vida y toma decisiones desde esta escucha profunda.

Se accede cada vez a niveles más profundos de sí mismo y a la conexión directa y experiencial con su Ser, con el Silencio, con el Amor, o a lo que algunos le llaman Dios. El Anhelo que retorna a su fuente. La experiencia del misterio… Abrirse a la capacidad de percibir la dimensión profunda de la Vida y de vivir en coherencia con ello.  Desde esta mirada todo es percibido como radicalmente nuevo.

Esta transformación, si es verdadera, lleva a un compromiso con la vida. A “Volver al mercado”, como dicen en el Zen. A integrar esta realidad en la vida cotidiana, en nuestro modo de relacionarnos, en nuestra mirada…, y a contribuir de un modo u otro a que nuestro entorno sea mejor. Esta transformación interna lleva sus frutos  hacia fuera. Y ésa es la mejor prueba de que esa transformación es verdadera.

Hay una serie de peligros inherentes a este proceso y que nos alertan de que no está siendo verdadero:

La búsqueda de un consuelo ilusorio alejado de la vida, la búsqueda de la imperturbabilidad (ni sentir ni padecer), ser un refugio narcisista del yo, la tentación de sentirse mejores que el resto y no estar “manchados “ con las bajezas de la vida, no integrar otros aspectos de la persona como el cuerpo y la sexualidad…, por no olvidar todo lo que supone el negocio del boom de la espiritualidad postmoderna y el lucro económico a su costa…

Este es un proceso, de profundización progresivo.

Bien es cierto que cada persona debe encontrar la vía que para ella sea más adecuada.

En algunos casos, el camino de la meditación puede no ser indicado o que requiera de un especial control por una persona cualificada: (vulnerabilidad a la psicosis, antecedentes de cuadros psicóticos, personalidades esquizotípicas, trastornos de personalidad graves, disociativos…)

Este tipo de personas, es posible que experimenten angustia o distrés, o que se vean sobrepasados por lo que pueda emerger en la experiencia de meditación. Por ello, no siempre es recomendable.

Tras este breve recorrido, en el que algunos aspectos sólo han quedado apuntados, ya que la profundidad y complejidad de alguno de ellos sobrepasa la intención de este escrito, recojo a modo de conclusión que:

  • El ser humano se encuentra en un proceso constante de descubrimiento de su verdadera naturaleza.
  • El sentido de la vida no es otro que dejarse impregnar por esa secreta fuerza evolutiva que le lleva a despertar a su verdadera naturaleza, y a encarnarla en su vida habitual para poder vivir  con mayor profundidad y con sentido.
  • Esta identidad  es inherente a todos nosotros. Descansa en nuestro  interior.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Jäger , W. En busca del  sentido de la vida. Narcea,  Madrid 2007.
  2. Keating , T. Mente  abierta, corazón abierto, Descleé  De Brouwer, Bilbao 2006.
  3. Simón, V. La compasión: El corazón del mindfulness, Sello Editorial, Barcelona 2015.
  4. Kornfield, J. Camino con corazón. Una guía a través de los peligros y promesas de la vida espiritual.  La liebre de Marzo. Barcelona 2013.
  5. Torralba, F. El sentido de la vida. Ediciones CEAC, Barcelona 2011.
  6. Alonso Puig, M. Reinventarse. Tu segunda oportunidad. Plataforma Editorial, Barcelona 2010.
  7. Garcia Campayo, J. Jalón C. Más A. Mindfulness y cristianismo. Siglantana 2016.
  8. Frankl Viktor. El hombre en busca del sentido último. El análisis  existencial y la conciencia espiritual del ser humano. Editorial Paidós. Barcelona 1999.

 

 

“EL DESPERTAR INTERIOR” TALLER DE SILENCIO Y MEDITACIÓN CREATIVA

Publicado 3/09/2016 | 0 comentarios

la_técnica_de_la_meditación_filosofia_de_la_momentaneidad

Os proponemos un proceso de desarrollo espiritual a lo largo de varios encuentros de silencio. Un camino que permita aproximarnos a nuestro ser interior y relacionarnos con nosotros mismos de una manera más amorosa y compasiva.

Estos encuentros tienen lugar dos lunes al mes, de forma quincenal. Una vez formado, el grupo se cierra a nuevos integrantes. Consideramos que el proceso de profundización necesita unas condiciones básicas: compromiso de asistencia y estabilidad.

Para acompañar el proceso, nos servimos de:

  • Espacios guiados de silencio, integrando diversos estilos de meditación.
  • Meditación creativa a través del movimiento, el sonido, los sentidos, la expresión artística…
  • Prácticas de atención plena focalizada y abierta.
  • Conciencia sensorio-corporal.
  • Meditación en torno a las emociones. Acompañamiento en las emociones difíciles.
  • Observación meditada de los pensamientos.
  • Meditación y desarrollo de la compasión.
  • El camino del Ser y el desarrollo del “testigo interior”.
  • El cultivo de la práctica cotidiana de la meditación.
  • Meditación y responsabilidad social

Pueden participar personas con diferentes grados de experiencia en meditación (iniciación y profundización).

Hemos propiciado en estos años un espacio de silencio, no para acallar las voces del cuerpo, los sentimientos y los pensamientos, sino para escucharlas; para tomar conciencia de sus estados, necesidades y deseos, y hacer calma y silencio en ellos; de forma que podamos acceder al silencio más profundo, de donde brota la ternura y la compasión hacia uno mismo y hacia los demás. Consideramos que el Amor es la auténtica manifestación del Despertar Interior.

En el taller ofrecemos un itinerario progresivo, en el que se trabajan aspectos psicológicos y espirituales. Las propuestas que hemos ofrecido han tratado de integrar la atención y la conciencia en el momento presente de las principales dimensiones humanas:  corporal, emocional, mental, relacional y espiritual. Es un trabajo fundamentalmente experiencial. La breve teoría, que se da en determinados momentos, nos ayuda a marcar el rumbo y aclarar dificultades. Este trabajo se ejerce a distintos niveles de profundidad. Para las personas que nunca habían contactado antes con la meditación, permite una aproximación al silencio y un proceso de autodescubrimiento y autocuidado. Para aquellas que llevan un tiempo de trabajo personal (psicoterapia, formación, meditación), es un espacio que abre puertas de integración y da nuevas luces de evolución.

Promovemos en un primer momento la atención a la respiración y al cuerpo, para equilibrarlo neurológicamente, tomar conciencia sensorial y liberar sus tensiones. El trabajo de observación de las sensaciones corporales tiene la intención de encarnar, habitar y tomar conciencia del cuerpo (el cuerpo en quietud, el cuerpo en movimiento, el cuerpo como receptáculo de nuestras emociones, y como lugar de asiento de nuestro Ser). En algunas sesiones, aportamos un trabajo energético para activar el cuerpo físico y aumentar la lucidez mental. Ello facilita la atención, la observación y la concentración en el silencio meditativo.

Los aspectos psicológicos se abordan a través de la observación de los pensamientos y las emociones. Buscamos reconocer el falso-yo, que se construye a través de la mirada de los otros, y desde etiquetas internas y externas relacionadas con la identidad distorsionada que asumimos como propia. Este falso yo contiene una serie de creencias y patrones de pensamiento incorporadas a lo largo de nuestro desarrollo. Desde el silencio se realiza una observación lúcida y consciente de los mismos.

Proponemos la observación de las emociones y aprendemos a acogerlas sin los mecanismos de evitación habituales, sin dramatizar, sin magnificar…, desarrollando una mirada compasiva y no enjuiciadora  a las mismas.  Nos acercamos a las emociones “difíciles” y a otras más positivas, fomentando un equilibrio y una regulación emocional.

El corazón de este proceso es el desarrollo de una conciencia compasiva, que nos permite, a lo largo de diversas meditaciones y visualizaciones, ir tejiendo un lecho de bondad amorosa donde contemplarnos, y desde donde pueda ir dándose una auténtica transformación. Observamos que el desarrollo de la aceptación y la mirada compasiva, amable y acogedora, restablece la conexión interrumpida con uno mismo y permite a la persona acompañarse con amor. Esto favorece la reconstrucción de áreas dañadas o carenciales en los vínculos de apego, a partir del autoacompañamiento y el fortalecimiento del yo, el perdón y la reconciliación con el daño recibido o causado.  Esta transformación interior desarrolla a su vez la responsabilidad social y el compromiso en libertad de revertir al mundo la misma mirada limpia y acción compasiva que se han experimentado internamente.

El taller integra también la creatividad y la belleza como una forma de conectar con nuestras emociones y con el Ser, a través de la expresión artística (la música, la danza, la escritura, la pintura….). De forma especial, proponemos la escritura como una herramienta para reconocer y registrar cognitivamente la experiencia interior, de forma que podamos ponerle nombre y quede arraigada en el Ser.

En este taller es importante la interacción silenciosa con el grupo. Propiciamos una forma de contacto que permite el reflejo de la mirada de los otros, experimentar la humanidad compartida, sentir la relación dialogal yo-tú, y también la unidad: somos uno en el proceso de abrirnos a nuestro Ser, que es el mismo para todos. El grupo es un apoyo en el camino a lo largo del año. De ahí la importancia de la estabilidad y el compromiso de asistencia.

Empezamos cada día con una expresión breve y libre para recoger el eco de la sesión anterior y nos despedimos con un pequeño gesto expresivo de la experiencia compartida. Conectamos también con la gratitud por lo recibido y con la intención de trasladar lo experimentado a nuestro entorno y a todos los seres humanos.

En cada sesión vamos ejercitando la consciencia presente, el desarrollo del OBSERVADOR interno.  Esto nos permite hacer un entrenamiento gradual a la vez que una mayor profundización, de forma que podemos acceder a niveles más profundos, a  la conexión directa con el SER, con el Silencio, con el Amor. Es una vivencia individual, experiencial y no mental del Ser de cada uno.  Es una experiencia para ir desarrollando un estado de PRESENCIA. Saborear para seguir buscando, abriéndose …

En suma, hemos observado a lo largo de estos años que éste es un trabajo potente, abierto a distintas profundidades según el momento de la persona, gradual y progresivo. Intuitivo y flexible, porque se va amoldando a las necesidades del grupo. Que abarca tanto los aspectos psicológicos como espirituales. Donde desde el principio las actitudes de acogida, de respeto, de cercanía  propician un ambiente de exploración protegido que permite que cada uno se lleve lo que necesita en ese momento.

 

Yo me emociono, ¿Y tú?

Publicado 4/05/2016 | 0 comentarios

ana-angeles-fuertes

Acompañando al alumnado de secundaria a conocer sus emociones

Ana Ángeles Fuertes nos cuenta es este artículo como la terapia Gestalt, con su darse cuenta, nos ayuda a tomar conciencia de las emociones, de los pensamientos y de cómo están relacionados. Hablamos del darse cuenta interno para hablar de la conciencia emocional, del darse cuenta externo, que nos permite estar en contacto con el mundo y saber de las emociones de otros, y del darse cuenta intermedio, que nos permite saber de nuestros pensamientos.

Puedes leer el artículo completo pinchando en la imagen:

 

Nuestro manifiesto

Publicado 4/02/2016 | 0 comentarios

“TRANSFORMANDO LA EDUCACIÓN”
Por una educación humanizada y humanizadora
LOS ABAJO FIRMANTES APOSTAMOS POR UNA EDUCACIÓN QUE:
1.- Fomente la creatividad, tanto en el niño y el joven que aprende como en el adulto que enseña. Una educación que permita y potencie  el talento creativo del niño  como motor de aprendizaje.
Una educación que busque adquirir conocimientos para saber sobre nosotros, permitiendo el desarrollo tanto intelectual como emocional y social. Para ello es necesario que el niño reciba una buena mirada del profesor, y el profesor de sus compañeros y del sistema educativo y social. Una educación que permita desarrollar tanto el saber como el ser, y que transforme en el día a día al profesor y al alumno.
2.- Una educación que reconozca su  potencial transformador. Una educación que considere  a los profesores como catalizadores de la transformación social de los niños y la transformación de la sociedad.
3.- Una educación que recupere el sentido existencial del trabajo educativo. Una educación que recupere  el entusiasmo inicial de los profesores que se pierde tras unos años de trabajo.
4.- Una educación para el desarrollo de actitudes y valores humanos, que permita la trasmisión de una cultura más cooperativa que competitiva. Que muestre referentes de humanidad en el trabajo, como guía en el aula. Que además de aprender las fechas de las guerras, aprendamos las resoluciones pacíficas y colaborativas de los conflictos. Una educación que ponga la mirada en lo trasformador de la vida, no sólo en lo destructivo.
5.- Una educación que integre los distintos niveles:  alumnos, profesores, claustro, equipo directivo, familias, instituciones sociales…,  y que éstos puedan relacionarse apoyándose, enriqueciéndose mutuamente mediante un trabajo solidario.
6.- Una educación con una metodología que ponga el foco en la relación que establece el profesor con el alumno, y  en la relación que se genera  entre los diferentes sectores educativos en general. Una educación donde se dé  la colaboración y el apoyo, en un marco de confianza y cooperación mutua. Donde puedan darse comunidades de aprendizaje. Donde podamos valorar más los procesos que los resultados. Donde la evaluación fomente el interés y la motivación del alumno. Donde los diferentes puedan ser vistos como riqueza y oportunidad de aprender nuevos estilos de trabajo. Donde aprender sea placentero. Donde los límites sean vividos como oportunidades para crecer.
7.- Una educación que ponga el acento en el vínculo entre las personas y  en la vinculación de los alumnos al sistema educativo. Donde  el proceso de vincularse al aprendizaje sea tan importante como el aprendizaje mismo. Donde la autoridad se ejerza sin imposición, y esté al servicio del alumno, como acto amoroso para que al otro pueda crecer, no como ejercicio de poder o sometimiento.
8.- Una educación que permita que los profesores participen en el diseño de programas educativos y en las leyes educativas.
9.- Una educación que promueva la existencia de un código deontológico, en el que podamos comprometernos a lo que podemos y no hacer.
10.- Una educación que rediseñe el currículo educativo en base a las necesidades y realidad de los alumnos de ahora.
Un currículo que integre lo corporal, lo emocional, lo cognitivo, lo relacional y lo espiritual. Un currículo que incluya el silencio, el trabajo de la respiración y la meditación en la práctica cotidiana. Que utilice el sistema educativo para formar personas que busquen trabajar por las personas. Una educación que permita que las personas puedan confiar en la autoridad y que un día puedan ejercer la misma  con amor y respeto a los otros. Una educación que incluya el trabajo en la resolución de conflictos, las habilidades sociales, la empatía, el aprendizaje de idiomas poniendo la mirada en lo relacional, no en la competencia entre nosotros.
Una educación que promueva una formación de profesores vivencial que pueda a su vez ser trasmitida los alumnos. Una educación que promueva la educación emocional no como un fin,  sino como un medio para acceder al SER.
Una educación que nos permita desarrollarnos como personas, conociendo nuestros límites y nuestras capacidades, y que nos ponga en contacto con el ser único que somos cada uno, con nuestra tarea única en este mundo, y que nos dé herramientas y oportunidades para desarrollarla.
Grupo: Transformando la educación. Centro de desarrollo social y personal DESPIERTA.
Contacta con nosotros:
Correo: transformandolaeducacion3@gmail.com
Centro Despierta: http://www.centrodespierta.com/

Estiramientos de Cadenas Musculares

Publicado 8/12/2012 | 2 comentarios

Estiramientos de Cadenas Musculares @Editorial Liebre de Marzo

Las prácticas de Estiramientos de Cadenas Musculares tienen como propósito liberar el cuerpo de patrones de tensión profunda y esto representa un encuentro con nuevas posibilidades, tanto en la forma como en la función.

La sensación de liberación corporal, expansión de la consciencia y calma mental, tras la práctica son algunas de las señas de identidad de este trabajo corporal. Realizado conscientemente y meticulosamente propone toda una serie de prácticas cuyo propósito es liberar el cuerpo de tensiones profundas para recuperar su alineamiento y conservar la movilidad.

La persona tiente dos tipos de músculos: los estáticos, muy tónicos y fibrosos, que permiten la posición erguida, la bipedestación y lo dinámicos, muy poco tónicos y prácticamente nada fibrosos, que realizan los movimientos de gran amplitud. Los músculos estáticos representan las dos terceras partes de nuestra musculatura. Contrariamente a los dinámicos, los estáticos no reposan jamás; nos mantienen de pie debido a su tono y facilitan los movimientos gracias a su contracción.

En situaciones de sobrecarga o estrés, los músculos estáticos evolucionan siempre hacia el acortamiento, mientras que los músculos dinámicos, que son perezosos, tienden al relajamiento y la debilidad.
El acortamiento de los músculos estáticos comprime las articulaciones. Los músculos inspiratorios son estáticos. En caso de rigidez, bloquean el tórax, frenan la espiración y limitan, pues, la ventilación. Leer artículo completo